Luz de gas

¿Alguna vez alguien te hizo desconfiar de tus recuerdos? ¿Te han hecho sentir que lo que has pasado no es como lo percibiste? ¿Alguien te ha llevado a completar situaciones con teorías inverificables? ¿Minaron tu confianza y autoestima haciéndote creer que eras una persona inadecuada?

La memoria es algo químico, nuestro cerebro no tiene un disco rígido donde quedan almacenadas fotos o películas de eventos pasados, sino que cada conversación que tenemos frente a lo sucedido reafirma o modifica lo que recordamos.

Y nuestra mente es mucho más susceptible de modificar un recuerdo si la información complementaria proviene de alguien emocionalmente cercano: pareja, amigo, padres. 

Si existe la mínima rajadura en tu psiquis, si eres una persona ligeramente débil o sobre adaptada… la araña ha empezado a tejer su red y tú estás en el centro de la tela.

Esto se llama “gaslighting” o “luz de gas”, por la obra de teatro del mismo nombre que se popularizó con la adaptación al cine protagonizada por Ingrid Bergman. Yo he visto la película una sola vez, pero ha sido tan profunda la marca que me dejó, que la tengo grabada en el cerebro a fuego y se me hace un nudo en el estómago al recordarla. Me han dicho que está completa en YouTube, pero no me creo capaz de buscarla: el “gaslighting” todavía me eriza los pelos de la nuca. 

No es que únicamente me dé impotencia ver a Ingrid Bergman sufrir porque pierde cosas que le cambian de lugar o le hacen suponer que se está volviendo loca, sino que estuve expuesto a relaciones como esta, donde sentí que estaba perdiendo la cordura.

Esta sería la parte en la que doy ejemplos, donde cuento mis vivencias… pero esta vez no lo haré ¿por qué?, porque aunque ya no tengamos contacto, del otro lado hay una persona sin empatía, con un desesperado deseo de verme como su enemigo. Yo desde aquí le deseo el bien, quiero que sea feliz y libre de sufrimiento: y no quiero ser parte de sus pensamientos o acciones. Siempre tendrá la duda de quién estoy hablando y quiero que así sea.

Ejemplos cotidianos del estilo de “eso no lo he dejado yo allí” hasta “lo cuentas como si la víctima hubieras sido tú y no yo”; pasando por hablar de mí a otras personas en la misma habitación, a solo un par de metros de distancia diciendo cosas como “si no fuera por mí, no sería nadie”… fueron parte de la diaria.

Las personas que hacen “gaslighting” a otras, pueden hacerlo de manera consciente o inconsciente. Yo he visto a padres hacérselo a sus hijos para evitarles el horror de descubrir que sus mascotas han muerto, o minimizarles el efecto que tendrá una cirugía en alguien que conocen de cerca. También he discutido con médicos que han ridiculizado posturas de sus pacientes, porque les muestran cosas que se escapan a su conocimiento. 

En materia de salud mental, todo lo que vemos como patológico existe en dosis mucho más pequeñas en las personas “sanas” -la sanidad mental para mí es una especie de milagro, me han contado que existe, pero nunca la he visto- creo que me entiendes.

Por eso te decía que si tu psiquis tiene la más mínima inconsistencia con respecto a tu valía, es muy poco probable que puedas resistirte a alguien así ¿Cómo te retiene? Sabe exactamente qué decir para que sientas que te ama, que te comprende como nadie. 

Las personas que hacen “gaslighting” a otras, son muchas veces extremadamente inteligentes, muy lógicas, con argumentos muy sólidos, siempre responsabilizando a otras, nunca teniendo empatía o disculpándose por sus errores. Mienten tan bien que aterra escucharlas, porque cuando esas palabras llegan a tus oídos es imposible resistirlas, es como si hubieras caído en un trance. 

El despertar de algo semejante es doloroso y complejo, porque requiere verificación sistemática; es decir, hay que poder ver en actos si estos intentos de torcer la realidad son imaginación nuestra o realidad. 

En mi caso, llegué a grabar conversaciones, contrastar correos enviados a diferentes personas, mensajes de WhatsApp, hasta que no tuve otra opción que convencerme ¿Cómo empezó todo? Digamos que un día esta persona, quizá envalentonada por dominio que tenía sobre mi mente, cometió un error… escuché de su propia boca que yo era “una persona muy influenciable”. No fue mucho, pero escuchar esas palabras generaron un clic en mi cabeza que terminó en un huracán interno y el terror suprimido de haber sido engañado sistemáticamente se desató.

Las personas que hacen “gaslighting” a otras, las que lo hacen conscientemente al menos, no tienen estructuras psíquicas para cambiar: todo lo que dicen son palabras, desconectadas de sus emociones… hablan para que les crean, no para expresar una emoción real.  

La salida es la distancia, el contacto cero, y por supuesto un lento proceso de recuperación basado en evidencias que devuelvan en tu mente la conexión entre pensamiento, palabra, emoción, acción y resultado… 

Recuerdo cuando empecé a publicar mis escritos en Facebook y Myspace hace unos quince años atrás. Esta persona quería convencer a quien se enterase de que estaba escribiendo que “no tenía la formación para hablar de estos temas”, que “veía fantasmas donde no los había” y por supuesto que “lo que estaba buscando era convertirme en un gurú”… Intentó por todos los medios lícitos que nadie le prestara atención a lo que escribía, pero lo leía sin dejar comentarios o valoraciones, como si nunca hubiera estado por allí. Sé que aún lo hace de cuando en cuando, y me divierte saber que es probable que el algoritmo de Instagram le muestre la historia que publiqué promocionando este enlace.

Quizá ahora quede claro por qué en cada cosa que escribo invito al empoderamiento, a que nunca tengas devoción ciega por nadie, que mantengas tu pensamiento crítico y abierto… y que te mantengas al margen de las personas que no te hacen sentir seguridad. 

Si consideras que este artículo representa de algún modo alguna relación de la que formas parte, por favor busca ayuda profesional. Puede que estés en lo cierto y puede también que no tengas razón para preocuparte… lo que sea, no hay nada más liberador que verificarlo por cuenta propia y no dejar que nadie controle tu idea sobre la realidad, ni siquiera yo 🙂 

Escucha el podcast: La serie BANDERA ROJA habla exactamente de esto, en otro tono, paso a paso, sobre las relaciones con las personas emocionalmente inmaduras. Escucha aquí

Posdata: Este artículo fue escrito sin corregir, excepto lo realmente bochornoso, fiel al estilo de «lo que salga», porque por eso es un blog. No prometo volver por aquí a menudo, especialmente porque en breve me pondré serio con mi próximo libro.

11 comentarios en “Luz de gas

  1. Hola, leerte, escucharte, mirarte, está siendo parte de mi proceso y te lo agradezco, sanar por dentro y reflejarlo por fuera no está siendo una tarea fácil, pero lo sigo intentando cada día, no nos conocemos y sin embargo voy de tu mano, en varias cuestiones siento que somos espejo, aprendizajes parecidos y un gran amor por la vida. Gracias Luc! 🙏🤗

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    1. Red invisible y sutil que aísla, te mantiene dudando, hasta que alguna palabra, gesto se filtra («¿estas segura?») abriendo una puerta a otra red que comparte, contiene, visibiliza, abraza
      Gracias de 💜 por esa presencia amorosa

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      1. Conozco esa sensación, a mi una terapeuta me pregunto cosas sobre las circunstancias de esos acontecimientos en los que me hacía responsable y me desarmó todos los esquemas. No pude volver a ponerme la venda otra vez.

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  2. Te leo hace 3 años . Cuando tuve q operarme del pecho (cáncer de mama ) desde ese día vas de la mano conmigo, me ayudas a ir quitando corazas de mi corazón e ir sanando día a día. Te admiro . Te honro gracias gracias gracias 🙏

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  3. «…que te mantengas al margen de las personas que no te hacen sentir seguridad.» Me encanta saber que todo el tiempo estamos aprendiendo a conocernos mejor, y agradezco infinitamente que me hayas enseñado a verme a mí misma con otros ojos, sin tanto juicio y con más amorosidad _(I)_ Sigo aprendiendo ❤ I LOVE YOU LUC

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