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Hace rato que hay gente que me escribe por dos cosas principalmente: quieren poder sanar cosas de su pasado y su presente, y quieren aprender a meditar.

Con el tiempo descubrí que, en realidad, ambas cosas son lo mismo. Para mi están profundamente conectadas.

El proceso de sanación no es algo externo, no es algo que alguien pueda activar desde afuera. Los “sanadores” son un mal de nuestro tiempo, son gente a quienes les encanta mostrarse indispensables para el proceso de otros. “Yo te sano” parece un gesto de amor, aunque a mi me suena a una declaración de dependencia.

La capacidad de sanación es un talento natural de cada uno, lo que ocurre es que no sabemos muchas veces cómo activarlo. Me refiero a la sanación emocional, que es la que muchas veces decide cómo reacciona nuestro sistema inmune, y nuestra capacidad de recuperación física.

Pensando en mi propio proceso (que podés leer en el blog, y también ver la TEDx del año pasado) y en lo que me ayudó a mí, me metí en los borradores de mi libro y en los audios que fui grabando en estos dos años.

Siete días para empezar a sanar

Así nació esta serie de meditaciones que empecé a mandar por WhatsApp a la gente que está pasando por cosas complicadas en este momento. Se lo dediqué especialmente a una amiga que está tratando de deshacerse de un cáncer y de todas las emociones que le despierta, y a un amigo que está tratando de aceptar una de las pérdidas más dolorosas de su vida.

Ninguno de los dos está habituado a meditar a diario, y los pensamientos sombríos sobre su futuro los llevaron a enfermarse más allá de lo que ya estaban pasando.

Les pedí que lo compartieran con quienes quisieran, si era algo que pudiera llegar a servirle a alguien más… bienvenido!

Cuando abrís la mano, ya no es tuyo

Una cadena que empezó como algo íntimo, sin saber muy bien cómo, llegó a más de 10 países y a miles de personas. No lo se con exactitud, sólo lo sé por quienes me han escrito a mi Instagram, que pegó un salto enorme en una semana. Pero eso no es lo importante, de verdad que no… lo más importante es lo que me compartieron algunos de los que hicieron este ciclo de meditaciones conmigo.

El lema de estas meditaciones que “si sana uno, sanamos todos” porque cuando nosotros estamos mejor, el mundo alrededor nuestro recibe ese impacto, no somos sólo nosotros los que nos beneficiamos de la reparación, el consuelo o la salud.

Y entre esas historias de sanación personal que consiguieron despertar estos meditadores, te quiero compartir un par:

  • Una señora que cuando llegó la séptima, se la quería guardar para cuando estuviera triste porque no quería que se acabe.
  • Una oceanógrafa que las escuchaba en la playa a más de 15.000 kilómetros de distancia de donde las grabé.
  • Una madre de dos niños en un pueblito del sur de Alemania donde, entre mates y la cocina, usaba mis audios para volver a su eje,
  • Un veterinario que usa las meditaciones como tema de conversación con una compañera a la que quiere invitar a salir, para descubrir que ella estaba también siguiendo los mismos audios.
  • Una trabajadora que, en un hospital, le hace escuchar un audio a una paciente con dificultades para respirar, y toda la sala común le pide que se las haga escuchar.
  • Un chico que trabaja en Lima con gente que vive en la calle, y las comparte mientras cenan y se van a dormir en el refugio.
  • Mis amigos que las reciben de personas que no me conocen.
  • Gente que no tiene ni Instagram, ni Facebook… ni WhatsApp o teléfono! Y las escuchó de mano de una trabajadora social en un lugar árido y silencioso del norte de Chile.

Increíble viaje escuchar los mensajes que recibo a diario de gente que se da cuenta que sanar es un derecho, y que aquellas emociones que sentimos mientras los síntomas nos comen, son parte de lo que también hay que sanar.

Se me ocurrió hacer una pequeña encuesta en Facebook sobre el tema de las próximas meditaciones… ¿Ansiedad o Capacidad de Sanación? Y, sin sorpresas… ganó la segunda nuevamente. Más de mil personas contestaron, y recibo mensajes a diario.

Vamos a lo concreto

La idea de usar una lista de distribución en WhatsApp es que no hay casi barrera tecnológica: lo recibís, lo escuchas, lo compartís si querés. Además, me permite estar en contacto con la gente de manera espontánea y compartir como persona que conecta con otra persona.

El único tema, es que este sistema permite armar listas de un máximo de 256 personas a la vez. Lo que es una suerte, si pensás que todos los mensajes, con algunas demoras, los leo yo. Todos.

Si sabes de alguien que le interese trabajar este tema, pasale este post o que se meta en mi Instagram y me escriba.

¿Por qué que los otros sanen modifica lo que a mí me pasa?

Para terminar ¿te acordas de cuando te decían que una manzana podrida estropeaba todo el cajón? Bueno, también funciona a la inversa: todo aquello que vos sanes, los otros aprenderán de vos.

Sea lo que hagas, sabé que lo que compartas será aquello que alimentará a los otros. Expandí consciencia, en la forma que sea… porque si sanas vos, sanan todos.

8 Replies to “Sana uno y sanamos todos”

  1. Tu capacidad de ver al otro hace estos ” milagros” . Escucharte es empezar a escucharnos. Gracias por ser parte de mi vida!

    1. En el post te dice: Escribime por instagram. Y si no por mensaje privado de Facebook. Son por whastapp 🙂

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