Mi perro está enfermo. No parece mortal, aunque es un proceso de desgaste enorme que se lo ha ido consumiendo desde el mes de mayo de este año: primero empezó con una infección en una uña, que unos meses después y fuera de control se cobró un par de falanges.

El jueves pasado finalmente la veterinaria decidió que lo mejor era amputarle el dedo, porque esa pequeña y persistente herida ya no cerraría jamás.

Supuestamente, esa acción tenía que terminar con unos casi seis meses de tratamientos diarios, medicación y preocupación. No fue así.

En el quirófano se agarró una infección y en el primer control de su herida, en esa pata de tres dedos, aparecía el líquido brillante y pegajoso que anticipa la defensa del cuerpo ante las bacterias. Sí, me cuesta mucho decir la palabra “pus”… vengo intentando hacer desaparecer todo signo de infección desde hace ya seis meses, y estoy tratando de eliminarla hasta de mi propio lenguaje.

Justamente, para que una herida infectada pueda curarse, a veces hay que abrirla, drenarla, “cortar por lo sano”…

Félix es mi compañero, mi constante con quien he recorrido el mundo. Nació en Argentina, y nos conocimos un par de semanas después de que Theo murió de leucemia. En ese momento, en abril de 2011, le dije a mis amigos y familia: “no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro”. Acababa de mudarme a Buenos Aires después de ocho años en España, volví a estar con mis padres que estaban en edad de jubilarse, a conocer a mis sobrinos con quien no compartía más que alguna reunión familiar cuando cruzaba el Atlántico… tenía muchas expectativas de lo que iba a ser “volver”. Aunque yo me desplacé físicamente desde Europa a Sudamérica, haciendo el viaje inverso que había hecho en 2003, el lugar del que me había ido ya no existía y pude sí estar cerca de mi familia, pero habíamos crecido en direcciones diferentes.

Theo había enfermado y murió en mis brazos. Yo estaba recomenzando mi vida en un país conocido-desconocido, con muchas cosas diferentes dentro de mí y en los que me rodeaban. Ninguno de nosotros éramos los mismos, me sentía profundamente desconectado y aislado.

Así fue como, gracias a la amiga de una amiga, terminé en un criadero de Schnauzers Gigantes. Acababan de devolver a un macho de tres meses con temblores en una de sus patas sospechando que había tenido moquillo.

Me senté en el suelo, el cachorro vino hacia mí y se sentó pegado a mi cadera e inclinó todo su peso sobre mi cuerpo. Suspiró. Y yo lloré. Extrañaba mucho a Theo, y me daba cuenta de que todo lo que estaba pasando alrededor mío era demasiado, que necesitaba una constante, algo que empezara a dar orden a mis días.

Nunca un clavo saca a otro clavo, nunca un duelo se cierra cuando se abre una relación nueva. Ergo, queridos amigos “no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro” y una semana más tarde se vino conmigo.

No fue fácil. Le puse Félix porque nació un seis de enero, y en el Santoral Católico es “San Félix”, al menos eso era lo que contaba… en realidad, le puse ese nombre porque detrás de eso estaba yo entonces, la búsqueda de la felicidad. Curioso, porque luego descubriría que la felicidad no se busca, si no que se encuentra (es una forma de ver las cosas, no un estado de situación). De cachorro ya era más grande y pesado que mi perro anterior de adulto. Y aún la presencia de Theo llenaba cada rincón y comparación. Fue cruel con los dos, y muy egoísta haber decidido no esperar un poco más para adoptar una nueva mascota.

Vivir con Félix es como entrenar un dragón, o domar una pantera. Es un animal salvaje, poderoso, noble y con una enorme devoción por los humanos. Y en su contracara está atento a los descuidos, glotón, posesivo y obsesivo, testarudo y feroz si alguno de su manada está en peligro. Yo he aprendido a ser menos civilizado a su lado. Le encanta el agua, el barro y perseguir gatos o conejos. Su mejor sentido es el olfato, si la intuición no cuenta.

Yo sé que nuestro tiempo tiene principio y fin. No creo que el final esté cerca, aunque no quiero imaginarme qué sucederá después si esta misteriosa bacteria… no quiero ponerlo en palabras, dejémoslo así. Hoy agradezco que me haya sacado de todos los espacios oscuros, haya sido mi constante en un mar de cambios, hayamos recorrido ya cuatro países juntos y dos continentes.

En la fragilidad de nuestro tiempo juntos, voy a asegurarme que la felicidad no sea una circunstancia que se crea si no un sentimiento que se alimenta, que cada momento esté lleno de amorosa presencia, porque así siempre lo fue de su lado.

Anne Lamott, en su libro “Pájaro a pájaro”, tiene una frase que me atravesó el corazón: “Los faros no corren por toda la isla buscando botes para salvar. Ellos se quedan ahí, brillando“. Félix ha sido mi faro durante mis viajes, mis desafíos y este último año de mi recuperación… hoy me toca ir hacia él, para asegurarme de que siga brillando todo lo que su luz pueda dar.

15 Replies to “Mi perro es mi faro”

  1. Bello amigo!!! Félix es tu faro y vos el suyo!!! Siempre vas a ser el faro en la tempestad de alguien!!!…como lo sos para todos nosotros!!! T Q M

  2. Lu… también sos mi faro que ilumina el camino viendo al mi alrededor que somos muchos tejiendo esta gran red donde nos contenemos entre todos y vos nos acompañas a todos y a cada uno para que encontremos nuestra propia luz. A seguir vibrando juntos y que Felix sane amorosamente. Sana uno y sanamos todos

  3. Yo tengo mi faro, se llama Cati, una labradora de casi tres años. Es mi primera perra y tal cual decís en algún momento de tu relato, mis primeros meses con ella fueron difíciles, no por ella, que es un pedacito de cielo estrellado, fiel, amorosa, dispuesta a todo por mi, sino por mi. Ella con todo ese amor incondicional que la caracteriza pulió mis aspectos más ásperos y bruscos. Soy mejor persona gracias a ella. Gracias por compartir la historia de Felix y dar un reconocimiento a esos fieles compañeros, esos ángeles que nos iluminan la vida.

  4. Como siempre, tus palabras encuentran el eco preciso en mi alma…Esa facilidad para plasmar tus sentimientos…Amé a Tania, a Toby y a Felipe, el último compañero que llenó con su calidez y su fidelidad mi vida .Hoy,por no ser yo quien deje solo a mi posible amigo perruno, vivo con el vacío que significa no tenerlo. Disfrutá de Félix con la sensibilidad que te permite hacerlo.Disfruto de las fotos en que los veo juntos porque me llega la esencia del sentimiento incomparable que une a esos amigos con los que en verdad saben responderles.

    1. Gracias por compartir conmigo esta sensibilidad desde 1983… pensaba el otro día que hace 35 años que nos conocemos (los mismos que hace que escribo). Gracias, te abrazo fuerte!

  5. Que hermos y que bendición es permitirnos vivir ése amor tan puro como el de los animales! Los dos son el faro del otro… los abrazo mucho, los quiero mucho. Solo puedo decir que éste amor es para toda la vida!

  6. Querido Lucas!!! Sos faro en nuestras vidas! Gracias por iluminar nuestros caminos, estamos acá también para iluminarte a vos y a Félix

    1. Vamos juntos compañera! Esto me consumió mucho estos días, poniendo el énfasis en lo importante y urgente… llevamos un par de semanas muy intensas. Hoy está de mejor humor y yo lo celebro!!

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